Colección de discursos agrupados numéricamente

8.77. Deseo

Entonces, el Venerable Sariputta se dirigió a los monjes: “Amigos monjes”. “Sí, amigo”, respondieron los monjes y el Venerable Sariputta continuó:

“Amigos, he aquí estas ocho clases de personas que se pueden encontrar existiendo en el mundo. Y, ¿cuáles son esas ocho?

“He aquí, cuando un monje mora en la reclusión, viviendo independientemente, surge en él el deseo de las ganancias. Entonces se anima a sí mismo, se esfuerza y pugna por adquirir las ganancias. Sin embargo, falla en la adquisición de las ganancias. Y por culpa de aquella falta de las ganancias sufre, languidece y se lamenta; llora, golpeándose el pecho y llega a estar confundido. Este se llama el monje deseoso de las ganancias, que se anima a sí mismo, se esfuerza y pugna por adquirir las ganancias, pero al no conseguirlas, sufre, languidece y se lamenta: él ha caído fuera del buen Dhamma.

“Además, cuando un monje mora en la reclusión, viviendo independientemente, surge en él el deseo de las ganancias. Entonces se anima a sí mismo, se esfuerza y pugna por adquirir las ganancias. Y finalmente adquiere las ganancias. Pero por culpa de aquellas ganancias se embriaga, crece en la negligencia y deriva en la negligencia. Este se llama el monje deseoso de las ganancias, que se anima a sí mismo, se esfuerza y pugna por adquirir las ganancias y, al conseguirlas, se embriaga y es negligente: él ha caído fuera del buen Dhamma.

“Además, cuando un monje mora en la reclusión, viviendo independientemente, surge en él el deseo de las ganancias. Pero él no se anima a sí mismo, no se esfuerza ni pugna por adquirir las ganancias. Y por culpa de aquella falta de las ganancias sufre, languidece y se lamenta; llora, golpeándose el pecho y llega a estar confundido. Este se llama el monje deseoso de las ganancias, que no se anima a sí mismo, no se esfuerza ni pugna por adquirir las ganancias y, que al no conseguirlas, sufre, languidece y se lamenta: él ha caído fuera del buen Dhamma.

“Además, cuando un monje mora en la reclusión, viviendo independientemente, surge en él el deseo de las ganancias. Pero él no se anima a sí mismo, no se esfuerza ni pugna por adquirir las ganancias. Y sin embargo, finalmente adquiere las ganancias. Pero por culpa de aquellas ganancias se embriaga, crece en la negligencia y deriva en la negligencia. Este se llama el monje deseoso de las ganancias, que no se anima a sí mismo, no se esfuerza ni pugna por adquirir las ganancias, pero igual las consigue y, entonces, se embriaga y es negligente: él ha caído fuera del buen Dhamma.

“Además, cuando un monje mora en la reclusión, viviendo independientemente, surge en él el deseo de las ganancias. Entonces se anima a sí mismo, se esfuerza y pugna por adquirir las ganancias. Sin embargo, falla en la adquisición de las ganancias. Pero no sufre, languidece ni se lamenta por falta de la adquisición de las ganancias; no llora, golpeándose el pecho ni llega a estar confundido. Este se llama el monje deseoso de las ganancias, que se anima a sí mismo, se esfuerza y pugna por adquirir las ganancias ,y que al no conseguirlas, no sufre, languidece ni se lamenta: él no ha caído fuera del buen Dhamma.

“Además, cuando un monje mora en la reclusión, viviendo independientemente, surge en él el deseo de las ganancias. Entonces se anima a sí mismo, se esfuerza y pugna por adquirir las ganancias. Y finalmente adquiere las ganancias. Pero él no se embriaga, no crece en la negligencia ni deriva en la negligencia por causa de aquellas ganancias. Este se llama el monje deseoso de las ganancias, que se anima a sí mismo, se esfuerza y pugna por adquirir las ganancias y, al conseguirlas, no se embriaga ni es negligente: él no ha caído fuera del buen Dhamma.

“Además, cuando un monje mora en la reclusión, viviendo independientemente, surge en él el deseo de las ganancias. Pero él no se anima a sí mismo, no se esfuerza ni pugna por adquirir las ganancias. Y por causa de la falta de aquellas ganancias no sufre, languidece ni se lamenta; tampoco llora, golpeándose el pecho ni llega a estar confundido. Este se llama el monje deseoso de las ganancias, que no se anima a sí mismo, no se esfuerza ni pugna por adquirir las ganancias y, que al no conseguirlas, no sufre, languidece ni se lamenta: él no ha caído fuera del buen Dhamma.

“Además, cuando un monje mora en la reclusión, viviendo independientemente, surge en él el deseo de las ganancias. Y él no se anima a sí mismo, no se esfuerza ni pugna por adquirir las ganancias. Sin embargo, finalmente adquiere las ganancias. Pero por causa de aquellas ganancias no se embriaga, no crece en la negligencia ni deriva en la negligencia. Este se llama el monje deseoso de las ganancias, que no se anima a sí mismo, no se esfuerza ni pugna por adquirir las ganancias, pero al conseguirlas igual, no se embriaga ni es negligente: él no ha caído fuera del buen Dhamma.

“Estas son, amigos, las ocho clases de personas que se pueden encontrar existiendo en el mundo”.