Colección de discursos agrupados numéricamente
4.126. Segundo discurso sobre el amor benevolente
“Monjes, he aquí estas cuatro clases de personas que se encuentran en el mundo. Y, ¿cuáles son esas cuatro?
“He aquí, monjes, alguna persona permanece impregnando un cuarto con la mente imbuida de amor benevolente. De la misma forma, el segundo, tercer y cuarto cuadrante, tanto por encima como por debajo, alrededor y en todas partes, para todos como a sí mismo, permanece impregnando el mundo entero con la mente imbuida de amor benevolente, abundante, exaltada, inconmensurable, sin hostilidad ni animadversión. Cualquier fenómeno perteneciente a la forma, la sensación, la percepción, las actividades volitivas y la conciencia lo considera como transitorio, como insatisfacción, como enfermedad, como llaga, como dardo, como miseria, como aflicción, como algo ajeno, como desintegración, como algo vacío y como no-yo. Con la ruptura del cuerpo después de la muerte, renace en compañía de los devas de las moradas puras. Este es un renacimiento no compartido con los mundanos.
“Además, monjes, alguna persona permanece impregnando un cuarto con la mente imbuida de compasión… de dicha altruista… de ecuanimidad. De la misma forma, el segundo, tercer y cuarto cuadrante, tanto por encima como por debajo, alrededor y en todas partes, para todos como a sí mismo, permanece impregnando el mundo entero con la mente imbuida de ecuanimidad, abundante, exaltada, inconmensurable, sin hostilidad ni animadversión. Cualquier fenómeno perteneciente a la forma, la sensación, la percepción, las actividades volitivas y la conciencia lo considera como transitorio, como insatisfacción, como enfermedad, como llaga, como dardo, como miseria, como aflicción, como algo ajeno, como desintegración, como algo vacío y como no-yo. Con la ruptura del cuerpo después de la muerte, renace en compañía de los devas de las moradas puras. Este es un renacimiento no compartido con los mundanos”.