Colección de discursos agrupados numéricamente

5.144. [Arboleda de] las Tres Espinas

En una ocasión el Bienaventurado estaba morando cerca de Savatthi en la arboleda de las Tres Espinas. Estando ahí, se dirigió a los monjes así: “monjes”.

“Sí, Venerable Señor”, respondieron los monjes y el Bienaventurado continuó:

“Monjes, es bueno para un monje que de tanto en tanto permanezca contemplando lo repulsivo en presencia de lo que no es repulsivo. Es bueno para el monje que de tanto en tanto permanezca contemplando lo no repulsivo en presencia de lo que es repulsivo. Es bueno para el monje que de tanto en tanto permanezca contemplando lo repulsivo en presencia de lo que no es repulsivo y lo que es repulsivo. Es bueno para el monje que de tanto en tanto permanezca contemplando lo no repulsivo en presencia de lo que es repulsivo y de lo que no es repulsivo. Es bueno para el monje que de tanto en tanto—en presencia de lo que es repulsivo y lo que no es repulsivo- apartado de ambos, permanezca ecuánime, con la atención consciente y clara comprensión.

“Y, ¿con qué propósito, monjes debería un monje permanecer contemplando lo repulsivo en presencia de lo que no es repulsivo? ‘Que no surja en mí la codicia hacia los objetos que provocan la aparición de la codicia’. Éste es el propósito, monjes, por el cual un monje debería permanecer contemplando lo repulsivo en presencia de lo que no es repulsivo.

“¿Y con qué propósito, monjes, debería un monje permanecer contemplando lo no repulsivo en presencia de lo que es repulsivo? ‘Que no surja en mí el odio en presencia de objetos que provocan la aparición del odio’. Éste es el propósito, monjes, por el cual un monje debería permanecer contemplando lo no repulsivo en presencia de lo que es repulsivo.

“¿Y con qué propósito, monjes, debería un monje permanecer contemplando lo repulsivo en presencia de lo que no es repulsivo y lo que es repulsivo? ‘Que no surja en mí la codicia en presencia de objetos que provocan la aparición de la codicia. Que no surja en mí el odio en presencia de objetos que provocan la aparición del odio’. Éste es el propósito, monjes, por el cual un monje debería permanecer contemplando lo repulsivo en presencia de lo que no es repulsivo y lo que es repulsivo.

“¿Y con qué propósito, monjes, debería un monje permanecer contemplando lo no repulsivo en presencia de lo que es repulsivo y lo que no es repulsivo? ‘Que no surja en mí el odio en presencia de objetos que provocan la aparición del odio. Que no surja en mí la codicia en presencia de objetos que provocan la aparición de la codicia’. Éste es el propósito, monjes, por el cual un monje debería permanecer contemplando lo repulsivo en presencia de lo que no es repulsivo y lo que es repulsivo.

“¿Y con qué propósito, monjes, un monje—en presencia de lo que es repulsivo y lo que no es repulsivo- apartado de ambos, debería permanecer ecuánime, con la atención consciente y clara comprensión? ‘Que no surja en mí la codicia—de objeto alguno, en lugar alguno, de ninguna manera- en presencia de objetos que provocan la aparición de la codicia. Que no surja en mí el odio—de objeto alguno, en lugar alguno, de ninguna manera- en presencia de objetos que provocan el odio. Que no surja en mí la falsa ilusión—de objeto alguno, en lugar alguna, de ninguna manera- en presencia de objetos que provocan la aparición de la falsa ilusión’. Éste es el propósito, monjes, por el cual un monje—en presencia de lo que es repulsivo y lo que no es repulsivo- apartado de ambos, debería permanecer ecuánime, con la atención consciente y clara comprensión.”