Colección de discursos agrupados temáticamente

Dutiyacetana Sutta

12.39. Segundo discurso sobre la volición

“Monjes, lo que uno intenta, lo que uno planifica y todo aquello a lo que uno tiende, esto llega a ser la base para la conservación de la conciencia. Cuando está la base, he aquí está el soporte para el establecimiento de la conciencia. Cuando la conciencia está establecida y llega a expandirse, he aquí [se produce] el descenso del nombre-y-forma. Con el nombre-y-forma como condición, la séxtuple base de los sentidos [llega a ser]; con la séxtuple base de los sentidos como condición, el contacto; con el contacto como condición, la sensación; con la sensación como condición, la avidez; con la avidez como condición, el apego; con el apego como condición, la existencia; con la existencia como condición, el nacimiento; con el nacimiento como condición, la vejez-y-muerte, el dolor, el lamento, la pena, el displacer y la desesperanza llegan a ser. Tal es el origen de todo ese montón de la insatisfacción.

“Monjes, y si uno no intenta, si uno no planifica, pero uno todavía tiende hacia algo, esto llega a ser la base para la conservación de la conciencia. Cuando está la base, he aquí está el soporte para el establecimiento de la conciencia. Cuando la conciencia está establecida y llega a expandirse, he aquí [se produce] el descenso del nombre-y-forma. Con el nombre-y-forma como condición, la séxtuple base de los sentidos [llega a ser]… [sigue igual que en el párrafo arriba]… Tal es el origen de todo ese montón de la insatisfacción.

“Pero, monjes, cuando uno no intenta, cuando uno no planifica y tampoco tiende hacia algo, no hay base alguna para la conservación de la conciencia. Cuando no está la base, tampoco está el soporte para el establecimiento de la conciencia. Cuando la conciencia no está establecida ni llega a expandirse, he aquí no hay descenso del nombre-y-forma. Con el cese del nombre-y-forma, cesa la séxtuple base de los sentidos; con el cese de la séxtuple base de los sentidos, cesa el contacto; con el cese del contacto, cesa la sensación; con el cese de la sensación, cesa la avidez; con el cese de la avidez, cesa el apego; con el cese del apego, cesa la existencia; con el cese de la existencia, cesa el nacimiento; con el cese del nacimiento, cesa la vejez-y-muerte; y el dolor, el lamento, la pena, el displacer y la desesperanza cesan. Tal es el cese de todo ese montón de la insatisfacción”.