Colección de discursos agrupados temáticamente

Natika Sutta

12.45. Discurso en Natika

Esto he escuchado.

En una ocasión, el Bienaventurado estaba morando en Natika en el hall del ladrillo. Entonces, mientras el Bienaventurado estaba sólo en reclusión, pronunció esta exposición del Dhamma:

“En dependencia del ojo y las formas surge la conciencia del ojo. El encuentro de estos tres, es el contacto. Con el contacto como condición, la sensación [llega a ser]; con la sensación como condición, la avidez; con la avidez como condición, el apego; con el apego como condición, la existencia; con la existencia como condición, el nacimiento; con el nacimiento como condición, la vejez-y-muerte, el dolor y el lamento, la pena, el displacer y la desesperanza llegan a ser. Tal es, monjes, el origen de todo ese montón de insatisfacción.

“En dependencia del oído y los sonidos surge la conciencia del oído… En dependencia de la nariz y los olores surge la conciencia de la nariz… En dependencia de la lengua y los sabores surge la conciencia de la lengua… En dependencia del cuerpo y los objetos táctiles surge la conciencia del cuerpo… En dependencia de la mente y los fenómenos surge la conciencia de la mente. El encuentro de estos tres, es el contacto. Con el contacto como condición, la sensación [llega a ser]; con la sensación como condición, la avidez; con la avidez como condición, el apego; con el apego como condición, la existencia; con la existencia como condición, el nacimiento; con el nacimiento como condición, la vejez y la muerte, el dolor y el lamento, la pena, el displacer y la desesperanza llegan a ser. Tal es, monjes, el origen de todo ese montón de insatisfacción.

“En dependencia del ojo y las formas surge la conciencia del ojo. El encuentro de estos tres, es el contacto. Con el contacto como condición, la sensación [llega a ser]; con la sensación como condición, la avidez. Pero con la total desaparición de esa misma avidez, cesa el apego; con el cese del apego, cesa la existencia; con el cese de la existencia, cesa el nacimiento, la vejez y la muerte, el dolor, el lamento, la pena, el displacer y la desesperanza. Tal es el cese de toda esta masa de insatisfacción.

“En dependencia del oído y los sonidos surge la conciencia del oído… En dependencia de la nariz y los olores surge la conciencia de la nariz… En dependencia de la lengua y los sabores surge la conciencia de la lengua… En dependencia del cuerpo y los objetos táctiles surge la conciencia del cuerpo… En dependencia de la mente y los fenómenos surge la conciencia de la mente. El encuentro de estos tres, es el contacto. Con el contacto como condición, la sensación [llega a ser]; con la sensación como condición, la avidez. Pero con la total desaparición de esa misma avidez, cesa el apego; con el cese del apego, cesa la existencia; con el cese de la existencia, cesa el nacimiento, la vejez y la muerte, el dolor, el lamento, la pena, el displacer y la desesperanza. Tal es el cese de todo ese montón de insatisfacción.”

En esa ocasión, un cierto monje estaba allí de pie escuchando al Bienaventurado. Y el Bienaventurado lo vio estando allí de pie y escuchándolo, y le dijo: “¿Has escuchado la exposición del Dhamma, monje?”

“Sí, venerable señor”.

“Aprende esa exposición del Dhamma, monje, perfecciónate en ella y recuérdala. Aquella exposición del Dhamma es beneficiosa y relevante para los fundamentos de la vida santa”.